Marc de la intervenció: Presentació del llibre de José Antonio Pérez Tapias “Invitación al federalismo”
Data de la publicació: 3 d’Octubre de 2013

Agradezco a la Fundació Rafael Campalans por invitarme a compartir el lujo de esta presentación, en Barcelona, de un libro imprescindible y agradezco al autor por este libro, su mensaje, pero sobretodo, su actitud.

Ha sido un lujo la oportunidad de leer con anticipación esta “invitación” en toda regla al federalismo, un libro que transpira sentido común de la primera a la última línea. Como es de sentido común afirmar, aunque hoy no esté de moda, los méritos del Estado autonómico de un lado (porque los hay y son muchos), pero afirmar también y con la misma rotundidad, que hoy estamos ante un fin de etapa.

Ya desde su primera afirmación (“cuando los acontecimientos históricos convocan, la cita es ineludible”), el autor lanza un desafío a la tan asida, desesperanzadora y poco cierta idea del “no hay alternativa”.

Efectivamente, ante la polarización de nuestro escenario político y concretamente, de las tensiones crecientes en las relaciones Catalunya-España, José Antonio Pérez Tapias se planta ante la idea que no hay alternativa posible entre la recentralización y la separación de dos pueblos que hasta ahora han hecho camino juntos, a pesar de los obstáculos en el trayecto, eso sí, probablemente más arduos para unos que para otros.

Y a partir de ahí, se lanza a una apuesta valiente, puesto que plantea soluciones a todos los problemas hoy existentes.

Una propuesta que me atrevo a decir que va más allá de los acuerdos de Granada entre otras cosas porque, al defender un federalismo social, cooperativo y plurinacional, afirma la necesidad de desmitificar (unos y otros) el concepto de soberanía; porque el libro se construye desde la malla del reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado, presente en todas sus páginas; porque aboga por un replanteamiento de lo que supone la pluralidad de naciones en una misma realidad jurídico-política. Y en definitiva porque plantea la necesidad que la reforma de la Constitución contemple la posibilidad de realizar consultas democráticas para encauzar el denominado “derecho a decidir”.

Y éstas no son cuestiones menores cuando aparecen día sí día no, falsos amigos en escena. Porque no sólo en la lingüística, sino también en la política se encuentran los falsos amigos. Lo es Juan Alberto Belloch al anticipar sus deseos de suspensión de la autonomía de Catalunya ante una eventual consulta. Y lo es también Joaquín Leguina, al mostrar sus reticencias a la reforma de la Constitución, en su artículo “El federalismo como magia”. Lo paradójico es que se muestre preocupado por lo que considera un agravio al acuerdo de Santillana (con la aventura del Estatut) al mismo tiempo que desconoce el manifiesto del Congreso del PSOE en Suresnes de 1974 , que reza: “La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español”.

Pero dejo Suresnes para volver a Granada, la ciudad de nuestro autor, precisamente.

He afirmado en alguna ocasión que “Granada refleja lo posible. Pero la política debe hacer algo más. Debe hacer posible lo deseable, lo conveniente, lo urgente. Y no es lo mismo. Este es el reto. El punto de encuentro que representa el acuerdo de Granada es necesario pero ya no es suficiente para la sociedad catalana. Ni para España. Esa es mi opinión personal.

Y lo he afirmado porque creo (y me duele), sinceramente, que si el PSOE no puede afirmar que España es un Estado plurinacional (con todo lo que ello significa), no podrá liderar el debate territorial y la reforma de nuestra arquitectura institucional. Algunas voces argumentarán que no lo niega. Es cierto. Pero es, precisamente, esta incapacidad para la claridad lo que nos aleja del problema y, en consecuencia, de la solución.

Esa claridad la encontramos en el libro que hoy presentamos. Un libro valiente. Y necesitamos coraje, no mordaza. Necesitamos ambición y no cautela.

Como muchos aún, mi ambición nacional se expresa mejor con un proyecto compartido con España que sin él. Aunque ya no es así para una parte significativa de la ciudadanía catalana.

Pero, como escribía hace unas semanas, para ofrecer una tercera vía ahora, entre la independencia y el recentralismo (peligroso), el autonomismo (superado) o el federalismo (posible), necesitamos un acuerdo político bilateral que permita, entre otras cosas, el Derecho a Decidir.

Por eso creo, personalmente, que mientras no llega esa otra España, deberemos resolver con inteligencia y ambición los problemas de Catalunya y de España, con una oferta política, financiera e institucional que permita una última oportunidad antes que la frustración nos derrote a todos.

Este debería ser el núcleo de la propuesta del PSOE. Granada es un paso. Pero el tiempo es escaso y nuestra velocidad aún lenta.

Benedetti recordaba un grafitti que apareció un buen día en un muro de Quito y que rezaba “cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. Pues eso, las preguntas ya cambiaron. Y hay que acelerar el paso o podemos perder pie definitivamente.

Como sostiene José Antonio en su libro, hay que hacer posible lo que parece imposible (una reforma constitucional que hoy parece más que difícil de cuajar). Yo añadiría también: hay que hacer posible lo necesario.

A menudo, desde el independentismo, se nos ha achacado la ausencia de federalistas más allá del Ebro, como solemos decir. Pérez Tapias, con su mensaje (federalista), pero más aún con su actitud (reflexiva, dialogante, pedagógica), contribuye a pensar que aún es posible encontrar la senda del sentido común para luchar contra la polarización, menos racional que emotiva, del escenario político.

Con él, deberíamos recordar hoy el escritor Hermann Hesse: “para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible”. Sigo pensando que la rebeldía es una actitud hoy más necesaria que nunca.


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